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TEORÍA DEL APLAUSO
| Ernesto Yturralde
Aplauso proviene del latín applausus y plausible de plausibĭlis con una misma raíz. Se aplaude aquello que es plausible, es decir aquello digno o merecedor de aplauso. Sin embargo se aplaude en muchas situaciones tanto positivas como negativas, por ejemplo: el aplauso positivo de los pasajeros al aterrizar su avión, de manera impaciente en un espectáculo a manera de protesta cuando el tiempo de inicio ha pasado, los aplausos guiados en los programas de televisión, para llamar a un mesero, entre otras situaciones.
En un evento, al aplaudir, si la cantidad de personas que aplauden no alcanza la rítmica necesaria ni la cantidad mínima para lograr la activación, el aplauso masivo no se activa y no se genera, mientras que si el aplauso inicial no muere y tiene la fuerza y la rítmica necesaria, otros se incorporarán y se iniciará la gran lluvia en sincronía. Los comportamientos individuales se tornarán en comportamientos masivos, que generarán en el receptor del aplauso, una gran motivación. Un aplauso cerrado es decir un aplauso nutrido y unánime, puede convertirse en un aplauso prolongado que se convierte en ovación, considerada como una manifestación generada por el aplauso ruidoso y colectivo que se presenta como tributo.
Podemos identificar varios tipos de aplausos en un evento de capacitación, por el momento de aparición, en combinación con las categorías enunciadas:
El conferencista o facilitador puede fortalecer o debilitar los aplausos mediante su comunicación analógica a través de su demostración de satisfacción, sus gestos y ademanes.
Aprender a crear pausas y manejarlas, será una destreza que puede irse desarrollando conforme logramos mayor experiencia.
Al iniciar una intervención es recomendable que quien nos presenta, tenga como consigna al terminar de presentarnos y darnos paso, hacer que se nos reciba por parte del público, con un fuerte aplauso, incentivando en ellos una espontaneidad guiada. Al entrar en escena nuestra entrada será mucho más firme y contundente.
Recibir los aplausos es maravillosamente gratificante y alimentan nuestro ego, generando mayor compromiso dentro de la intervención en sí misma, así como en el futuro dentro de un proceso continuo de excelencia.
Así como es importante para nosotros recibirlos, es fundamental saber administrarlos permanentemente con los participantes durante las sesiones de aprendizaje, para estimular la participación y generar ambientes andragógicos adecuados.
Hemos identificado varias categorías de aplausos que pueden manifestarse independientemente o en una combinación de causas:
1. De rigor 2. Irónicos 3. Por compromiso 4. Guiados 5. De simpatía 6. De respeto 7. De aprobación 8. De satisfacción 9. De admiración 10. Como tributo
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Editor: ERNESTO YTURRALDE
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